
La mitad aburrida de tu trabajo está hecha antes de que abras los ojos: las respuestas, las reclamaciones, las publicaciones, las reseñas. Qué haces con esas horas es cosa tuya.
Funcionando en 48 horas. Te das de baja cuando quieras: sin contrato y sin permanencia.Ocho cosas hechas, ninguna por ti. Tu proveedor tenía respuesta antes del desayuno, que es justo lo que decide si te llega el pedido.
Una noche de trabajo de verdad, con las horas: qué contestó, qué confirmó y la única cosa que no quiso decidir sola.
Tres minutos en el panel de verdad: el correo, las mesas de mañana, la semana, las reseñas y una web publicándose. Te cuesta una dirección de correo, nada más.
Mándame el vídeoEl mismo negocio. El mismo tú. La diferencia es qué haces a las 23:40.

Esto es lo que estás comprando. El programa es solo cómo te llega.
El trabajo es el mismo en todas partes: la gente escribe, llama, reserva y deja reseñas, y alguien tiene que contestar. Ese alguien no tienes que ser tú.


No es un chat al que preguntar. Es alguien que abre tu correo a las tres de la mañana, que es cuando el trabajo está tranquilo.
Contesta lo que puede, y el que te necesita te llega con la respuesta ya escrita debajo.
Reserva, mueve y cancela, avisa a las dos partes, y nunca pone dos cosas a la misma hora.
Contestadas en el idioma en que escribió el cliente. Las malas se escriben y te esperan.
Confirma las de mañana, persigue a los que no contestaron y avisa si un sábado se llena antes.
Coge la llamada cuando tú no puedes, apunta el recado y te lo pone en la lista.
Publicaciones con tus fotos, nunca de catálogo. Publicas tú. O la dejas publicar a ella.
Cambia los precios o pon el menú de Navidad escribiéndolo. Sin panel y sin agencia.
Reclama lo que te deben sin sonar desesperada, y no gasta un euro por su cuenta.
Esas ocho casillas son por donde empieza casi todo el mundo, no donde se para. Ninguna de estas estaba en un menú: alguien simplemente lo pidió.
Llama a mi gestor y pregúntale si puedo desgravar la furgoneta.
Mira lo que cobra el de enfrente y dime si estoy caro.
Escribe a todos los que no vienen desde hace seis meses.
Pon los números de este mes en un PDF que pueda llevar al banco.
Léete este contrato de 40 páginas y dime qué estoy firmando.
Me han puesto una reseña de 1 estrella. Encárgate, pero enséñamela antes.
Si se lo pedirías a una persona, pídeselo. Tú decides qué hace sin ti.
Nada que mover, nada que aprender, ninguna contraseña nueva para tu gente. Conectas tus propias cosas desde el panel, cada una en su propia página, y ella trabaja dentro de ellas y lo deja todo donde está.
Cinco de las ocho cosas de arriba, pasando de verdad.

Está hecha para un sitio con puerta, un teléfono que suena y un sábado que se llena.
Una asistente, un nombre, una cara — la misma para todos, desde el primer minuto. Nunca finge ser una persona, porque el primer cliente que lo descubra te lo cobra a ti, no a nosotros.
Su cara es suya. No es un ajuste que eliges — es quien es.Un encargo se acaba cuando está hecho. Una regla cambia todo lo que viene después. Casi todos los asistentes meten las dos cosas en la misma caja, y la segunda se pierde.
No des nunca mi móvil a un cliente.
Pon siempre en copia a mi gestor si hay una factura adjunta.
No contestes nunca una reseña de 1 estrella sin preguntarme.
Los lunes cerramos. No confirmes nunca una reserva de lunes.
Si escribe mi pareja, es como si escribiera yo.
Tres respuestas, y puedes cambiar cualquiera esta noche: hazlo sola, hazlo y avísame, pregúntame antes. El dinero es siempre la tercera, y esa no se puede mover.
Pon una línea en pregúntame y ahí no pasa nada sin ti — y el dinero siempre pregunta, elijas lo que elijas.Tus cuentas, tu dirección, tus clientes. Nada tuyo se comparte con nadie, nunca.

Trabajo de 03:12 a 08:02.
Una página privada donde ves lo que hizo y hablas con ella, y una publica para las cosas que te prepara: la carta, la lista de precios, la página que mandas a tus clientes.
Hace el trabajo y te enseña el resultado, en vez de explicarte como podrías hacerlo tu.
Todo lo que cuesta dinero o sale hacia un cliente real se para y te espera, siempre.
Le escribes como le escribirías a una persona. Si sabes mandar un mensaje, sabes usarla.
Cuanto más tiempo la tienes, mejor va: cada regla que le enseñas se queda.

Lees una página mientras se enfría el café. Ese es todo el trabajo.
No son tres planes que comparar: es uno, con todo dentro. Una media jornada te cuesta más que esto y se va a las seis.
o 3.900 € el año, pagado de una vez. 2 meses de regalo
Puesta en marcha 690 €, gratis si pagas el año
La puesta en marcha se paga una sola vez: conectas tus cosas tú, con nosotros al lado, tus primeras reglas escritas contigo, tu forma de trabajar enseñada. A partir de ahí es el mismo número todos los meses.
La máquina la pones tú — un VPS o un ordenador que quede encendido — y tu propia suscripción de Claude. La instalamos nosotros, le cargamos tus buzones, tu calendario y tus normas de trabajo, y a partir de ahí vive en tu casa y tus datos no salen de ahí. El pensamiento corre con tu suscripción, no con la nuestra: esa es toda la razón por la que esto cuesta la cuarta parte.
690 € de puesta en marcha, una sola vez
Tu plan de Claude necesita puestos suficientes. Te medimos el consumo real la primera semana, para que lo sepas el primer día y no el día que se para.
Pregúntanos por este planComo una persona, en el idioma en que escribió tu cliente y con los modales que le enseñaste. Lees los veinte primeros y los corriges; después dejas de leerlos.
Se lo dices en una frase y se convierte en regla. El mismo fallo no vuelve: esa es toda la diferencia entre una regla y un recordatorio.
Solo donde tú dijiste que sí. Todo lo que marcaste pregúntame se para y espera, y el dinero se para siempre, aunque tú quisieras lo contrario.
No. El programa sí va en una máquina, pero lo ponemos nosotros, no tú: llega funcionando, y desde la app conectas tus cosas en un minuto — tu correo, tu calendario, tus redes, WhatsApp. Cada una la apruebas en su propia página, así nunca vemos tus contraseñas. Tú no abres una terminal en tu vida.
En la máquina donde corre tu Gloria. Tu correo, tus archivos, tus claves y su cuaderno no salen de ahí. El modelo es un servicio que llamamos: ve lo justo para escribir la respuesta y no se entrena con tu negocio. Si tus normas exigen que los datos no salgan del país, dínoslo antes de comprar y lo comprobamos, en vez de imprimir una promesa.
Sí, y cuesta menos, porque el pensamiento corre con tu suscripción de Claude y no con la nuestra. La instalamos nosotros, le cargamos tus buzones, tu calendario y tus normas de trabajo, y a partir de ahí vive en tu casa. Una condición que decimos en voz alta: tu plan necesita puestos suficientes, y te medimos el consumo real la primera semana para que lo sepas el primer día y no el día que se para.
El programa no. Pagas que el cerebro mejore cada semana, y que alguien la mantenga viva mientras cambia todo lo de alrededor: un proveedor cambia un permiso, un servidor de correo cambia sus normas, el modelo cambia de versión. Cada mes se rompe algo, y se rompe sin dar ningún error.
Lo cancelas tú mismo en PayPal, donde autorizaste el pago: un par de clics, sin ninguna llamada. Se para al final del periodo que pagaste. No se rompe nada y no se borra nada: tus datos son tuyos y se van contigo, en un formato que puedes leer — si la máquina es nuestra te lo entregamos todo, y si es tuya ya lo tienes en casa. Lo que para es lo que viene de nosotros: las actualizaciones y el soporte.
Tres minutos en el panel de verdad: el correo, las mesas de mañana, la semana, las reseñas y una web publicándose. Te cuesta una dirección de correo, nada más.
Mándame el vídeoLa demo es el panel de verdad con un negocio inventado dentro: ves exactamente lo que hace y cómo se ve, y nada de lo que hay ahí es nadie real.
Esta página, los reels de nuestro Instagram y cada palabra que acabas de leer: los ha hecho ella.
O escribe a una persona: Escríbenos